yuzunyan: (Tesshi)
[personal profile] yuzunyan

Hola a toda lectora que ha llegado a este pequeño LJ, al fin me he dedicido a empezar a publicar este fic que tanto tiempo lleva en mi cabeza, espero sea del agrado de la mayoría, es de Tegoshi y Massu como es de esperarse de mi xD

Hace tiempo que no escribo, no he tenido ni tanto tiempo ni inspiración pero me esfuerzo en hacer algo bien~ ^^ espero les guste~ :3

Título: Mi familia
Género: Romance
Advertencias: No hay
Parejas: Tegoshi Yuya x Masuda Takahisa [TegoMass] (Puede anexarse alguna después)
Fandom: NEWS
Palabras: 2000
Tipo: Fanfic seriado

Capítulo: 1/15
Resumen: Una llamada cambiará la vida de Tegoshi y de Masuda, uno trabaja y el otro persigue su sueño ¿Alguien intervendrá? ¿De quién es la llamada? ¿Quién es Daiki?





Terminó de atender a las dos chicas con su brillante sonrisa, esa que había iluminado el lugar desde que él decidió empezar a trabajar ahí. La orden estaba lista y él, les indicó a esas chicas dónde podrían tomar asiento para atender al siguiente en la fila, la cual no era nada corta, el lugar era el favorito por los jóvenes todas las tardes de lunes a viernes y todo el día cuando era fin de semana… o vacaciones.

La jornada fue igual que todos los días, pesada pero muy satisfactoria, ese chico de unos 24 años, estaba seguro de que cada segundo invertido en ese trabajo lo acercaba más a su sueño, más aún cuando era un día de paga.

Su cabello de color negro azabache quedó cubierto con un gorro rojo de lana, y sus manos por su parte por un par de guantes del mismo color, una bufanda negra abrigó su cuello poco después, y para finalizar una chaqueta oscura cubrió su espalda y brazos,  no pasó mucho tiempo después y salió hacia la calle, al día siguiente le pagarían. Se decidió a pasear por el centro de su pequeña ciudad antes de llegar a casa.

- Ya es diciembre.

Fue un susurro, aunque si hubiese sido un grito, nadie lo hubiese notado, todos estaban muy ocupados en sus asuntos o tal vez la atmosfera no se prestaba a ponerle atención a un chico cualquiera, nadie lo notaba pero en ese momento no le importaba, hasta él se hubiese ignorado así mismo pues lo dijo justo cuando el árbol navideño que se había colocado a lado del kiosko, llamó la atención de todos con un montón de luces azules y blancas.

El chico sonrió para sí y dio prisa a llegar a su casa,  estaba seguro de que nevaría en cualquier momento y no quería enfermarse, además su madre le había prometido una rica cena y eso le motivaba bastante para llegar pronto.

Cuando estaba a un par de casas de llegar a la propia, notó las luces apagadas de una casa blanca, algo ya sucia por el tiempo que llevaba deshabitada, incluso el letrero de “Se vende” colocado hacía unos años, se veía muy mal, suspiró y sonrió a sus recuerdos, ahí solía vivir uno de los mejores amigos de toda su infancia.

Despejó su mente y entró a su casa, fue recibido con los brazos de su madre y una ligera llamada de atención a razón del tiempo que tardó y lo poco abrigado que iba “Dejaría de  ser mi madre si no se preocupara tanto”, fue lo que se dijo así mismo, subió a su habitación a quitarse la ropa de invierno y ponerse algo más cómodo para estar en casa, para poco después ir a cenar en compañía de su madre y su hermanito menor.

-Yuya –Su madre fue quien habló y al levantar su vista su madre le miró algo seria.

- ¿Sí? –Contestó  con precaución, su madre pocas veces era de las que miraban con seriedad, normalmente tenía un destello de cariño en su mirada permanente.

- Takahisa-kun habló, preguntó por ti –Dijo de manera directa, y este chico no hizo más que escupir lo que tenía en su boca, no había tenido noticias de su amigo desde hacía años, justamente desde que se había ido sin dar mucha explicación, le sorprendía bastante que le contactara.

- ¿Qué?

- Dijo que llamaría de nuevo, hoy mismo… quiere hablarte, no me dijo más.

Estaba claro que Yuya no iba a dormir hasta que Takahisa llamara y hablaran. Yuya tenía muchas dudas y preguntas que aclarar con su amigo, pero más le importaba (y preocupaba) a qué se debía su repentina llamada.

Pero esa noche Takahisa no habló. Tampoco al día siguiente ni al siguiente, el chico comenzaba a pensar que tal vez fue una broma de su madre o quizás lo había alucinado, pero aun así procuraba no tomar un turno extra ni llegar tarde a casa, prácticamente volaba después de cada jornada de trabajo a casa.

- Has actuado raro últimamente, Tegoshi –Durante su descansó escuchó decir a una voz familiar.

Ese fue Shige, su compañero de trabajo y ¿Para qué mentir? Uno de sus más cercanos y confiables amigos, tal vez, era en quién más confiaba desde que Takahisa había dejado la ciudad hacía unos años.

- ¿Raro? ¿A qué te refieres?

- No eres de los que van del trabajo a la casa sin desviarte tan siquiera un poco, despreciaste mi invitación a cenar ayer, no has sonreído tanto en estos últimos días. Algo no está bien.

- O tal vez tú eres demasiado fijado, Shige.

- Sabes que soy observador.

- Tienes razón.

- Y también sabes que no me puedes ocultar cosas.

- De acuerdo,  te diré solo porque también debe importarte a ti –El chico contrario levantó una ceja y puso atención a las palabras de su compañero – M-Massu habló a mi casa.

La reacción de Shige fue muy lenta, pero terminó haciendo un gesto de exagerada sorpresa, e incluso levantó la voz en un “¿Eh?” demasiado alto. Tegoshi sin embargo solo le explicó después que él no había atendido la llamada y que no había vuelto a llamar pese a la promesa de que lo haría.

-Esto es sospechoso, Tegoshi ¿Y si no era Massu? Quiero decir, se fue hace unos seis años y no nos ha contactado ni a ti, ni a mí, ni a Nakamaru, sus amigos más cercanos en todo este tiempo, de repente habla, pero solo a ti y no da señas de nada.

-Sé que es él.

- ¿Y eso?

-Tiene que ser él.

Tegoshi cerró la conversación y continuó su trabajo, si bien la suposición de Shige no le animó en lo absoluto, si le hizo bien decirle, pues de alguna manera parecía más real que la llamada si había acontecido.

Pasaron dos semanas y Tegoshi cada día tenía menos esperanzas de poder hablar con su viejo amigo, dejando de lado el hecho de que pudiese resolver dudas con él, y pensando también que tal vez ya era tiempo de olvidar su profunda amistad y centrarse en los amigos que tenía en el “ahora”, su sueño y el motivo por el que trabajaba arduamente.

No se deprimió en lo absoluto en ningún momento, pero a ratos le abordaba un sentimiento de preocupación ¿Qué era lo que le iba a decir? ¿Por qué ahora? ¿Por qué no había llamado de vuelta? ¿Por qué todavía le importaba tanto?

Sin embargo dejó que el asunto pasara, su madre no había dicho nada más y pronto llegaría el día de paga, ese sentimiento le hizo olvidarse todo.

Al llegar a su trabajo, no dudó en dar lo mejor de sí, después de dos semanas algo vagas, su resplandeciente sonrisa hizo acto de presencia maravillando a unos cuantos clientes, más bien femeninos, pero sí que dio ambiente al lugar, además él con ese ánimo era más rápido el servicio, más clientes, más ordenes, más ganancias, más propinas.

Al final del día el jefe del lugar; Tackey-san dio a cada uno de sus empleados su sueldo quincenal y un dinero extra que contaba como su “aguinaldo”. Cuando Tegoshi contó lo suyo un brillo destelló en sus ojos, pero solo sonrió suavemente agradeciendo la paga, así como después se despidió de sus compañeros. Y a diferencia de los días pasados se decidió a ir pasear un poco por el centro de su pequeña ciudad a ver el árbol navideño.

No llegó muy tarde a su casa pero  le sorprendió que su madre no le recibiera, solo vio a su hermano menor; Shori, que le hacía señas de que su madre estaba en la sala, por lo que en silencio se dirigió por el pasillo para llegar a la sala, su madre estaba al teléfono.

-Acaba de llegar. –La señora mencionó y por un segundó el corazón de Tegoshi se detuvo, al parecer Takahisa pidió hablar con él pues su madre le extendió la bocina del teléfono, sus pies pesaron una tonelada por un segundo y no los pudo mover, pero pronto reaccionó y prácticamente sin querer le arrebató a su madre el teléfono, se lo acercó al oído y pronunció algo que debía parecer un “¿Diga?”.

Le contestaron y de pronto sintió como si pudiese ver a su amigo de frente, como si no hubiese distancia alguna que los separase, la voz había cambiado, tenía un toque más varonil y mayor al que recordaba pero sabía que era él, la conversación pasó de un “¿Cómo estás?” a un “¿Qué has hecho?” en menos de lo que canta un gallo, parecía que había miles de cosas de contar, y tal vez así era.

Pero la curiosidad de Tegoshi pudo más, y antes de contestar otra pregunta de su trabajo articuló una pequeña pregunta
- ¿Por qué hasta ahora hablas…?

- Lo siento, no había tenido tiempo, pese a que dije que llamaría el mismo día que…

- Sabes bien que no me refiero a eso, Massu ¿Por qué después de seis años te dignas a contactarme? Pensé que éramos amigos más cercanos.

- Lo somos.

- ¿En serio?

- En serio, de hecho solo a ti me atrevo a hablar, no he hablado con nadie más que contigo, ni a Nakamaru o Shige.

- Lo sé, trabajo con Shige pero…

Algo escuchó Tegoshi que le cortó la idea, era una voz muy diferente a la de su amigo, se preguntó que podía ser mientras puso atención a como su amigo murmuró un “En seguida voy, solo me despediré de él…” la voz diferente articuló algo más y se extrañó. “No, no, solo ve a la cama”, escuchó después.

- ¿Qué fue eso? Massu, dime ¿Con quién estás? ¡Esa voz no era de tu madre o de tu padre!

- Claro que no son mis padres, no vivo con ellos.

-  ¿Qué?

Tegoshi escuchó como si alguien también se metía a la conversación por teléfono.

- ¡Papá!

- ¡Cuelga el teléfono de arriba, Dai! –Contestó Massu y acto seguido se escuchó como la orden pronunciada era obedecida – Lo siento, era…

-Tú hijo… Estás casado… tienes un hijo… ¿¡Por eso te fuiste?!

- Sí, no, bueno sí, Tegoshi tengo que decirte por qué te estoy hablando.

- ¿Eh?

-Tegoshi, ayúdame.

Y colgó, esa llamada, en especial esos últimos diálogos habían tenido mucha información implícita, pero no quería procesarla, su mejor amigo si acaso tendría 25 años, no podía tener un hijo, cierto era que seis años antes se había ido sin dejar rastro y a juzgar por la voz del pequeño este no podría tener más de 5 años, pero el tener un hijo incluía tener una esposa. Tegoshi no estaba en lo absoluto listo para asimilar como de pronto su mejor amigo tenía una familia.


No pensó mucho en eso, más que nada le preocupaba ese último diálogo. “Tegoshi, ayúdame”. Pero no fue hasta la siguiente semana cuando recibió otra llamada de su amigo, pero esta fue mucho más corta, pues solo él habló, en un diálogo que no duró más de 15 segundos.

“Estoy en Tokio, Tegoshi… yo  te necesito, ayúdame”.

No fue solo lo que dijo, si no también cómo lo dijo. Tegoshi aprovechó que solo su hermano estaba en casa; agarró la mochila más grande que tenía, puesto que no tenía maleta alguna, le metió unas cuantas prendas de ropa, abrió el buró al lado de su cama y sacó de él el resultado del esfuerzo de los últimos cuatro años, todo su dinero ahorrado para hacer realidad su sueño, el cual usaría para ir a Tokio y buscar a su amigo, eso era más importante ahora, al llegar a la entrada de su casa su hermano le bloqueó el paso, pero al ver la desesperación de su hermano mayor, le dejó pasar.

-Shori, dile a mamá que salí… no me esperen para cenar –Y se fue rumbo a la estación de autobuses más cercana.



 
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